EL AŅO DEL FIN DEL MUNDO



 EL AÑO DEL FIN DEL MUNDO

                                                                                 Por Prof. Fernando Albornoz

"La gente te pregunta sobre la Hora (fin del mundo). Di, `El conocimiento de esto esta solo con Alá. Por todo lo que sabes, la hora puede estar muy cerca.'" — Corán, 33:63

Otra vez el anuncio del fin del mundo se ha puesto de moda en el tapete de las noticias sensacionalistas. ¡Que se  acaba el Mundo, se nos viene encima el Apocalipsis!, ¡el día del juicio está cerca, es tiempo de separar las ovejas de las cabritas! … y muchas otras frases escatológicas, pero lo cierto que el evento que fuera anunciado ya muchísimas veces antes, no ha ocurrido hasta ahora y lo más probable es que no lo haga hasta dentro de mucho, así que a no afligirse y sigamos durmiendo en paz, continuemos planificando el futuro y también pagando las cuentas y los impuestos.

 

La muy reiterada novedad que otrora se atribuyera a las nada confiables interpretaciones existentes de las charadas de Nostradamus, o a la prédica de varios exaltados líderes de sectas de fanáticos religiosos, hoy lo es a las predicciones mayas, según las cuales todo terminaría en el equinoccio de diciembre de 2012. ¡Ah! Ya se filmó una película al respecto con formidables efectos especiales, aprovechando que todos comentan este tema; supongo que la han visto. Hace días estoy consultando bibliografía porque no soy experto en cultura maya. He logrado reunir alguna información aclaratoria del tema pero que la daré al final. Antes atendamos un aspecto del proceso cultural de quienes poblamos el planeta llamado Tierra.  

 

De alguna manera los humanos presentimos que la vida en el planeta Tierra no puede durar para siempre y por tanto es necesario resignarse a admitir un final, quizás no tanto del planeta sino mas bien de su civilización. ¿Y qué es lo que da origen a tal presentimiento? La idea de un “se acabó” colectivo, puede que arranque en nuestra propia condición de seres mortales, pues sabemos que tarde o temprano dejaremos este mundo. En tiempos antiguos, cuando las sociedades se regían más por la magia y las supersticiones religiosas, el final de todo era consecuencia de la ira de algún dios, que harto de los pecados de la gente, retiraba su apoyo logístico a la humanidad dejando que todo se derrumbara como una vieja estantería apolillada.   

 

Hablar del fin del mundo, supone en muchos casos no su destrucción física, sino el ocaso de un ciclo de la humanidad y el comienzo de otro mejor; donde todo se renovaría para bien y la vida pasaría a ser placentera. Pongamos algunos ejemplos aparte del ejemplo maya. En la mitología germana, ni el Universo ni los dioses eran considerados eternos, por tener defectos y por estar combatiendo de continuo a astutos y poderosos enemigos que terminan matándolos, pero que no pueden evitar el resurgimiento de nuevos dioses y una nueva humanidad. Por su parte los griegos narran una leyenda conocida como “la salvación del monte Parnaso”, historia análoga al tradicional relato bíblico del “arca de Noé”, donde la humanidad pecadora es destruida por un diluvio, pero que un pequeño grupo de elegidos se salva y a partir de él renace la estirpe humana.  El recurso escatológico del diluvio universal, es patrimonio común de muchas culturas y aparece en los relatos de pueblos de todos los continentes; es lógico incorporarlo a la tradición popular cuando se observan los desastres causados por los desbordes de los ríos luego de extensos períodos de lluvia. Como que el comportamiento de la gente ha conducido a querer en todos los tiempos y en todas las culturas, que el mal desaparezca de entre los hombres. En el cristianismo se aguarda la “Parusía”, que es la segunda venida de Cristo, que retorna para reinar en la Tierra, poniendo las cosas en su justo lugar; no debe verse en este caso a la Tierra como el planeta telúrico que conocemos sino el escenario donde se desarrollará el nuevo orden establecido por Cristo el Salvador (o Kyrios que significa “Señor”). Mientras tanto en el judaísmo se sigue esperando al Mesías que libre de sus enemigos al pueblo de Israel y le haga recuperar su esplendor. La rama sionista, entiende que se ha cumplido parte del vaticinio, con el retorno de Israel a los territorios de Palestina, luego de concluida la segunda guerra mundial; pero la entrega de tierras no la consideran con valor mesiánico, así que el “ungido” aún debe presentarse. En el hinduismo similarmente a lo ya expuesto, ocurrirá el retorno de Vishnu en su última encarnación: Kalki, que matará a la degradada humanidad y así dará comienzo una nueva época de luz con los sabios del Himalaya.

 

Bien, ese fin del mundo deberá llegar irremediablemente algún día simplemente como consecuencia de los procesos naturales que se dan en el Universo y que son bien conocidos, a tal punto que los enseñamos en clase. En cuanto a lo que científicamente se sabe, uno de ellos es la evolución del Sol que lo llevará a modificar su tamaño expandiéndose hasta convertirse en Gigante Roja. Este fenómeno irá ahogando a los planetas en un océano de hidrógeno a 3000 Kelvin; otra causa es  el efecto desbastador del estallido de una supernova cercana al Sistema Solar, que inundaría de radiación letal toda la región planetaria; o la mala suerte de que la Tierra colisione con un gran cuerpo asteroideo; todos eventos en los que de seguro no se relacionan con lo muy santos o pecadores que seamos y que tampoco lograremos frenarlos con plegarias, ofrendas y súplicas a las potestades divinas. Todas estas catástrofes, terminarían con la vida en el planeta Tierra, ya no en forma parcial como sucediera antes con los dinosaurios, sino definitiva. Pero el asunto es ¿cuándo? La evolución del Sol a la fase de Gigante Roja ocurrirá recién dentro de unos 5000 millones de años. Los estallidos estelares constituyen un fenómeno bien estudiado y estadísticamente sabemos de su poca frecuencia; no se produce una supernova todos los años. Algo similar sucede con las colisiones planetarias: cuanto mayor es el objeto, mucho más largo es el período de choques y se cree que no hay previstos choques con grandes asteroides, al menos hasta dentro de 100 años. Pero cuando tales cosas sucedan, aunque sea dentro de mucho ¿habrá aún humanos en la Tierra para sufrirlas, o habremos sucumbido antes, víctimas de otras calamidades originadas por nuestra incorrecta conducción del Mundo?

 

Algunos descubrimientos de la Ciencia, han contribuido a aumentar los miedos de una extinción masiva por causas humanas. En el primer puesto se encuentra una guerra mundial con armas nucleares y/o químicas: “se levantará nación contra nación y reino contra reino…”; en el segundo está, la destrucción paulatina del medio ambiente provocado por condiciones de máxima contaminación, resultante de una excesiva e irracional actividad industrial sumada a otras irresponsables prácticas ecológicas como la deforestación y la sobreexplotación de los recursos naturales en sus múltiples aspectos. El tercer lugar se lo lleva la mala experimentación en los laboratorios donde podrían crearse virus artificiales proveedores de pestes nuevas epidémicas, esterilizantes y fulminantes. Un cuarto lugar estaría reservado para un crecimiento desmedido de la población que superaría las posibilidades de sustentación que brindan los recursos provocando así mismo más contaminación. De tal modo, si los hombres no procedemos en forma cuidadosa con el planeta y su contenido, seguiremos enfrentando aquellas tres máximas desgracias históricas que desde siempre han angustiado a los pueblos: la guerra, el hambre y la peste. Estas tres calamidades que aparecen en el Antiguo Testamento bíblico (2do Samuel cap 24), son simbolizadas en el Nuevo, en el libro del Apocalipsis, por los tres jinetes que consecuentemente siguen juntos a un primero que es: la “intervención armada” que se produce a consecuencia de los desbordes sociales. Tal vez la mano del hombre haga algo tan terrible, que cause una última aparición de estos cuatro monstruos que provoque el fin.

 

Quienes predicen el futuro ameritan todo un capítulo aparte; intentaré por tanto ser breve. Primero debo aclarar sobre errores muy comunes que se cometen frecuentemente al referirse a estas personas; el primero de ellos es sobre los profetas. Un “profeta” es una persona que transmite un mensaje inspirado por la divinidad, pero que rara vez se refiere a hechos futuros. En la práctica profética, en general se tiende a hablar del pasado y se procura explicar con enseñanzas, parábolas y analogías, las realidades del presente. Eso de pronto le pudo permitir en algún sentido a alguno de los profetas bíblicos, hacer referencia a un posible evento futuro tan solo por experiencia en el análisis de las  situaciones, digamos que “un pronóstico”; pero no era eso lo común. Es más, en el antiguo Israel, estaban prohibidas las prácticas adivinatorias ya fuera la astrología y también otros rituales como el de la “incubación”, que consistía en buscar sueños reveladores del destino. Los profetas debían mantener en alto la moral del pueblo, y para ello recurrían a darle ánimo anunciando el fin de los tiempos de dolor, como lo eran los períodos de persecuciones, destierro y esclavitud. Pero quienes predicen el futuro, no deben ser tildados de profetas sino, en todo caso, de “futurólogos”, “videntes” o “visionarios”. Lo problemático es que la futurología suele ser en general una práctica supersticiosa, dado que promete revelaciones sobre lo que aún no se ha vivido. ¡Es increíble como hay gente que busca escudriñar situaciones en un futuro que aún no construyó! Y encima paga para que, mediante múltiples artilugios, un embustero de turno se lo revele. Si algo hay que yo no quiera saber, es justamente mi futuro. Prefiero irlo descubriéndolo por mi mismo poco a poco y aunque duela. Creo que reaccionaría mal si me revelaran cosas contrarias a mis intereses como ser: que dentro de un tiempo mi jefe va a echarme, que voy a tener problemas serios con la justicia como supuesto culpable de un fraude público y que el departamento de Hacienda va a investigar mis finanzas; que mi pareja buscará nuevo amor y los vecinos juntarán firmas para que clausuren mi establecimiento porque afea y contamina el barrio; que estoy destinado a contraer sida… Pero por supuesto que los visionarios nunca dicen estas cosas al cliente porque saben que lo pierden; ni tampoco despanzurran gatos o conejos para leer el destino en sus vísceras como se hacía antes, porque ahora esas prácticas dan asco.

Otro error a corregir: “Apocalipsis” significa “revelación” y no “fin del mundo”. Es un antiguo género literario cargado de simbología escatológica donde se intenta mediante dichos símbolos, explicar la evolución de la sociedad en una determinada época. La más célebre (aunque no única) pertenece a un cristiano prisionero en la isla de Patmos llamado Juan. La tradición cristiana la atribuye a San Juan apóstol.  

 

En cuanto a dar la fecha del fin del mundo, quizás alguna vez llamaron a la puerta de su casa personas que pertenecen a alguna secta o “nueva religión” especialista en predicar que “el fin se acerca” e invitándolo a integrarse al conjunto de elegidos que no sufrirían la catástrofe, o sea ellos, porque los grupos que suelen hacer estas prédicas exaltadas, consideran que son parte de una elite destinada a la salvación. Algunas veces estos catastrofistas, lejos de ayudar al prójimo, causan daño a personas impresionables, sobre todo las de avanzada edad. El manoseo que se hace de algunas escrituras cuando son interpretadas a gusto y conveniencia del consumidor, es realmente vergonzoso.  

Jesucristo predicó sobre la ruina de Jerusalén y en paralelo sobre el fin del mundo, pero confesó a sus discípulos no saber el momento en que ocurrirían los hechos. Es probable que su mensaje estuviera inspirado en la actitud rebelde que observaba en la gente del lugar frente a la autoridad romana, y al desinterés y descuido con que se encaraba la tradición cultural religiosa del pueblo judío. Sabemos que las legiones del general Tito, arrasaron en el año 70 DC la ciudad santa porque el Imperio se cansó del desorden que reinaba en la región. Del mismo modo habría evaluado que una actitud rebelde ya no local sino mundial, podría ponerle fin del mismo modo a toda la humanidad. Pero la cordura de Jesucristo no fue tomada en cuenta por otros supuestos visionarios que sí se aventuraron a arriesgar fechas. Por ejemplo: en el año 156, el ex pagano sacerdote de Cibeles, de nombre  Montano, congregó a los creyentes cristianos, en la llanura existente entre las ciudades de Timio y Pepuza, en la región de Frigia (Turquía), para aguardar un fin del mundo, que no sucedió. También en 1179, todos los astrólogos coincidieron en predicar otro fin del mundo para setiembre de 1186, y nada extraordinario pasó. En 1522, el célebre astrólogo Jean Stoffer, predijo para febrero de 1523, un nuevo diluvio universal que acabaría con el mundo y sin embargo se supo que fue uno de los meses más secos de la Historia. Claro que dejó secuelas, porque quienes creyeron en la catástrofe, mal vendieron sus propiedades a quienes por ser escépticos no les afectaba el vaticinio,  y destinaron el poco dinero que obtuvieron, a la construcción de arcas salvadoras, o donaron sus bienes procurando purificar así sus almas para terminar quedándose luego sin nada en un mundo que continuaba dando vueltas sobre su eje y alrededor del Sol. Por su parte Charles Russell, fundador a fines del siglo 19 en Estados Unidos, del grupo religioso “Testigos de Jehová”, calculó que el fin del mundo pecaminoso comenzaría en1914 y se extendería hasta 1918. Predicó la noticia no solo en su tierra sino en Palestina, Egipto, Rusia, Corea, Japón, China, India y Alemania, viajando más de un millón de millas y dando unos 30.000 sermones, que durante varios años aparecían semanalmente en unos 1500 periódicos norteamericanos. Lejos de comenzar en 1914 un nuevo ciclo de paz para la humanidad, lo que sí dio comienzo fue todo lo contrario: el horror de la primera guerra mundial. Pero el grupo también predijo el fin para 1975, y como de vuelta nada ocurriera lo cambiaron para 1984.donde tampoco nada sucedió. En Corea del Sur, es detenido el pastor Lee Jang Rim por estafar a sus feligreses en 4,5 millones de dólares; lideraba una secta que predijo el fin del mundo para el 28 de octubre de 1992. Otra vez se pagan consecuencias económicas debido a creencias sin fundamento. Modernamente el pastor norteamericano Harold Camping, inundó de propaganda visual varios países, pregonando el fin del mundo para el 21 de mayo de 2011, no siendo la primera vez que se equivoca, porque primero lo hizo para el 6 de setiembre de1994. Pero algunos que le creyeron, dejaron sus empleos y se sumaron a las caravanas que recorrieron los Estados Unidos anunciando la predicción de Camping. Claro que este pastor que calcula el futuro según los textos bíblicos, es millonario ¿lo son también sus seguidores que dejaron lo suyo para poder seguir su campaña? Así quienes pretenden acercar a las personas a Dios advirtiendo sobre un final para la Creación, lejos de lograr su propósito, provocan rechazos, consternación y burlas.

 

Ahora, la tradición maya se impone con su calendario de “cuenta larga”, usado para registrar hechos históricos importantes y vaticinar eventos futuros. En este sistema, un “ciclo” son 5.125 años (1.872.000 días). Estos se dividen en 13 períodos llamados “baktunes” (144.000 días); que a su vez se dividen en 20 períodos: los katunes (7200 días). De tal modo que un ciclo maya equivale a 260 katunes y habría comenzado el 11 de agosto de 3113 AC, por lo que terminaría en el año 2012. [

El fin previsto por la cuenta larga, no sería una jornada con la espectacularidad calamitosa de horrores geofísicos que los adeptos al sensacionalismo del Apocalipsis esperan ver. Por el contrario, la humanidad estaría finalizando una época de civilización, para dar comienzo a otra totalmente distinta. Una nueva era con un importante cambio en el paradigma espiritual, donde la divinidad se vuelve panteísta y no castigadora; de contenido hedonista en la búsqueda de la felicidad y el placer. Un rayo de luz proveniente del centro galáctico, producirá un cambio en la conciencia cósmica del ser que iniciará la transición a una mejor y espiritual manera de vivir.

Así con todo, no conocemos las razones para tal cambio pues en la tradición maya no se especifican, y aún hay más ya que toda esta idea es cuestionada por especialistas en cuestiones indígenas de Mesoamérica, como Susan Milbrath, funcionaria del Museo de Historia Natural de Florida (EE. UU.), Sandra Noble, directora ejecutiva de la Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos, en Crystal River, Florida (EE. UU.) y Anthony Aveni, profesor de Estudios de Nativos Americanos, Antropología y Astronomía de la Universidad de Colgate. Todos concluyen que no hay registros firmes, en poder de los arqueólogos, que aseguren la creencia maya de un fin del mundo o de una era, en 2012; que el publicitado evento es inventado y constituye  una excelente oportunidad para algunos de hacer dinero fácil. Lamentablemente toda la riqueza de la tradición de un pueblo, se ve empañada por la asociación de elementos foráneos mencionados en algunos artículos, como la desaparecida Atlántida, un ícono clásico muy usado en la pseudo ciencia, o esa misteriosa “luz cósmica” proveniente del centro galáctico que transformaría las mentes de los hombres, etc.

Se atribuye al “investigador” colombiano Fernando Malkun Rojas, ser el promotor de todos estos disparates. Este personaje se encuentra dentro de los llamados “profetas de la nueva era” y forma parte de la Universidad del Amor (¿?). Centra su tarea en la búsqueda de “enigmas” que ya fueran refutados en los círculos científicos; gusta de mezclar datos reales con mitos antiguos y especulaciones sin ninguna base racional. Pero si quiere saber más, hay interesante información de las actividades de este señor en Internet ya que tiene su propia página Web.

 

Concluyendo: creo que lo anterior no nos toma por sorpresa. Cuando empezaron a escucharse las primeras campanas acerca de la predicción maya sobre del fin del mundo para el año 2012, como que los que hace tiempo formamos parte de la comunidad científica y que respetamos las tradiciones religiosas de la gente, imaginamos que de algún engaño se trataba. Pero es lamentable: hay quienes creen en estas banalidades.

Sabemos que los mayas eran astrónomos y conocían muy bien los ciclos de los astros pues habían desarrollado una excelente observación de los movimientos planetarios y de los del Sol y de la Luna. Pero al igual que otros pueblos del Mundo antiguo con similares conocimientos, sus explicaciones del Cosmos no fueron acertadas.

Y como opinión personal, creo que es evidente que los sacerdotes mayas tenían claro cómo debían proceder en la práctica para sustentar la economía. Por algo la “cuenta larga”, de aplicación cultural, no se tenía en cuenta para las faenas agrícolas, actividad en la que se regían por otro calendario: el “haab”, cuenta vinculada al ciclo de estaciones por estar basada en el movimiento anual del Sol, y por tanto tenía 365 días. Como que no tenían ni una pluma de zonzos.

 

Consultas:

Biblia: Antiguo y Nuevo Testamento

Mitología general (F Guirand)

Las sectas y las nuevas religiones a la conquista del Uruguay (Julio C. Elizaga)

Internet

Entrevista a la Dra. en Teología Emilia Conde.