EL PAPA, LA NÁUTICA Y LA ASTRONOMÍA



 EL PAPA, LA NÁUTICA Y LA ASTRONOMÍA

                                                                            

                                                                            Por Fernando Albornoz

 

“A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos y lo que ates en la Tierra quedará atado también en los Cielos, y lo que desates en la Tierra también será desatado en los Cielos”

                                                          Evangelio de Mateo (Nuevo Testamento)

 

Por estos tiempos estamos viviendo eventos como hacía mucho no ocurrían. El año 2012 acaba de irse sin que se terminara el mundo como largamente pregonaran algunos exaltados fanáticos de las supersticiones. Llegó el 2013 sin que nadie imaginara las sorpresas que nos deparaba. Entre ellas algunas referidas al Papa. En efecto, el alemán Joseph Aloisius Ratzinger  que fuera elegido el 19 de abril de 2005 como el pontífice nº 265 y adoptara el nombre de Benedicto XVI, renunció a su cargo aduciendo razones de salud relacionadas a su avanzada edad (cumplío 86 años el 16 de abril de 2013). La anterior abdicación papal fue la de Gregorio XII en 1415, hace unos 600 años, y lo hizo para terminar con una situación conflictiva política interna de la Iglesia donde varios miembros decían ser el Papa.

Si digo que son sucesos trascendentes, es porque el Papa continúa siendo hoy para el mundo, un referente moral donde millones de seres humanos esperan oír su opinión, que consideran fundamental, para juzgar sobre aspectos relacionados al  avance de la civilización. Esa opinión o consejo es considerado “infalible” por la Iglesia, pero solo  en cuestiones de fe, magisterio eclesiástico y liturgia, porque en otras cosas el Papa, como cualquier mortal, puede equivocarse. Pero tal vez la mayor sorpresa la constituye el nuevo elegido para ocupar el trono de Pedro tras la renuncia de Ratzinger, que es el Cardenal Jorge Bergoglio; un jesuita argentino acostumbrado a viajar en la montonera del subte porteño, a tomar mate y es hincha del Club San Lorenzo de Almagro. Así que: primer Papa nacido fuera de Europa y territorios adyacentes, primer Papa latinoamericano, primer Papa jesuita y primer Papa en usar el nombre “Francisco”.  Una conocida empresa de transporte marítimo que opera en el Río de la Plata, ha bautizado su última nave con el nombre de “Francisco” en claro homenaje al Papa.

 

El término “Papa” se usa como título para quien ostenta el cargo de Obispo de Roma y simultáneamente es jefe de la Iglesia Católica y soberano político del Estado Vaticano.

El origen de dicho término es discutido pero parece apuntar a las iniciales de: “Petri Apostoli Potestatem Accipiens” (El que recibe la Potestad del Apóstol Pedro). Puede también significar  “tutor” o “padre” o tal vez “papá” según el latín. No olvidemos que a un presbítero católico normalmente también se lo llama “padre”. Otras formas de referirse al Papa son: Su Santidad, Pontífice, Santo Padre y Vicario de Cristo en la Tierra.

Se llega al cargo de Papa no por decisión unánime sino por votación secreta de un consejo de consultores eclesiásticos llamados “Cardenales”. No se gana por mayoría simple, sino por dos tercios más uno de votos a favor, y es costumbre anunciar el éxito del acuerdo sobre el elegido, emitiendo humo blanco por una chimenea a la vista del público, que se concentra pacientemente en la plaza vaticana, hasta haber una definición.

 

La proximidad a Roma  tal vez sea la causa que hizo que la mayoría de los papas fueran italianos, 212 en total. Las mejores oportunidades para una exitosa carrera eclesiástica, sin duda estaría entre la gente de la región. Pero la globalización como la que hoy experimentamos y para la cual las distancias no son un problema, ha cambiado esa realidad. Las grandes variaciones que han sufrido tanto las fronteras territoriales como las condiciones de los pueblos desde el Imperio Romano hasta el presente, dificultan el establecer con precisión cuántos pontífices hubo por nacionalidad. Hay inclusive Papas de los cuales no es certero su lugar de nacimiento. Pero en líneas generales, desde San Pedro, primero en el cargo, hasta Joseph Ratzinger, los hubo de variados orígenes provenientes principalmente de las naciones pertenecientes a la región mediterránea europea, a saber: 11 griegos, 17 franceses, 6 sirios, 6 alemanes, 3 españoles, 3 africanos, 2 de la antigua Dalmacia, un portugués, un inglés, un holandés, un cretense y un polaco. Y a partir del 13 de marzo de 2013, un argentino.

Y como el mundo fue cambiando, los papas debieron estar atentos al respecto y proceder a opinar en consecuencia a los cambios. Analizando sus actuaciones hubo de todo, desde las más hermosas actitudes altruistas dignas de ser contadas, hasta otras dolorosas, avergonzantes y mezquinas que prefiero al menos en este trabajo no hablar de ellas.  Esto también incluye a su posición frente a la ciencia donde los hubo más abiertos y dispuestos a aceptar las concluyentes verdades científicas, que la cada vez más sofisticada observación revelaba a los investigadores, y también hubo otros quienes poco  interés mostraron y aún menos colaboración dieron en cuanto a progresar en ideas. Pero la posibilidad de no involucrarse en temas de las ciencias naturales, fue cada vez menor a medida que pasaba el tiempo.  De mi parte he tratado de recopilar crónicas sobre aquellos pontífices de todos los tiempos, que de alguna manera se vieron claramente involucrados en los aspectos científicos. Espero que las mismas sean de utilidad y que con ellas los docentes puedan enriquecer sus clases.

 

Los relatos evangélicos narran la historia de un grupo de pescadores que reclutó Jesús a orillas del lago Tiberíades (llamado también mar de Galilea) que es un espejo de agua dulce cerrado ubicado en el norte de Palestina. El predicador vio en estos hombres fuerza de carácter y poder de decisión. Fueron sus primeros seguidores. Posteriormente se incorporaron otros discípulos y a todos les encargó la misión de llevar por el mundo la “buena nueva”. Pero Jesús dio también a su conjunto una estructura jerárquica basada posiblemente en el antiguo Consejo o “Sanedrín” judío. De todos ellos nombró 12 a los cuales llamó “apóstoles” y los puso al frente del grupo humano que de 70 pasó a ser de 500 personas según narra el evangelista Lucas. Hay que recordar que el “12” es un número significativo en la cultura hebrea, ya que según las escrituras,  el pueblo de Israel fue resultado de la alianza formada por 12 tribus semitas. El valor 12, está asociado a las 12 lunaciones anuales que dieron a su vez origen a los 12 meses del año y a las 12 casillas del Sol en el zodíaco, tal y como lo establecieran los astrónomos  egipcios y caldeos y que fuera aceptado en toda la región mediterránea. Es curioso que también el panteón griego posea 12 divinidades primarias (6 varones y 6 mujeres). Y de entre esos 12 apóstoles, seleccionó como cabeza a Simón hijo de Jonás, al cual rebautizó “Cefas” (Pietro o Pedro que significa “roca” o “cimiento”) y que a la larga fuera el primer Papa. Le otorgó la autoridad de atar y desatar (permitir y prohibir).

Este tosco pescador que posiblemente no fuera muy ducho en lectoescritura, contaba no obstante con óptimas condiciones para llevar adelante esa naciente Iglesia que debería abrirse camino en medio de un complejo y turbulento mundo que el Imperio Romano a duras penas intentaba controlar y no siempre con éxito, pues eran extensos los territorios conquistados,  diversos culturalmente los pueblos vasallos y sufría constantes agresiones de las tribus nómadas de bárbaros que llegaban en oleadas a la Europa antigua y padecía las rivalidades de poder internas que hasta lo terminaron fracturando en dos. Un imperio cuya capital Roma era ciudad cosmopolita donde se practicaban todos los cultos religiosos conocidos del mundo antiguo; síntoma de que estaba bien necesitado de valores espirituales.

La tradición eclesiástica cuenta que Pedro dirigió su misión evangelizadora hacia la capital del imperio y murió crucificado en dicha ciudad luego de llevar adelante su magisterio apostólico. Lo hizo con la cabeza hacia abajo, según se dice, él lo pidió así para que con el tiempo, no se confundiera su martirio con el de su maestro Jesús. El templo principal del papado situado mismo en el corazón de Roma, lleva su nombre y la tradición establece que allí se encuentra la tumba del apóstol.

   

Astronomía y Religión han marchado juntas por el camino de la civilización desde los orígenes del hombre hasta nuestros días. Para marcar las fechas de las festividades cristianas, la Iglesia Católica Apostólica Romana marcó reglas astronómicas concretas y hasta definió el carácter social de las mismas. Es bueno recordar que muchas solemnidades del cristianismo son de origen judío, como la Pascua y Pentecostés, y se ha respetado la tradición de fijarlas de acuerdo a la fase de la Luna. Otras más modernas instituidas a posterior de la entrada en vigencia del calendario juliano, son de carácter solar, como Navidad y Epifanía. Dichas reglas calendarias buscaban por un lado desplazar los festejos paganos y por otro unificar criterios de celebración, dado que las primeras comunidades seguidoras de Cristo  dispersas por el mundo greco romano, no coincidían en las fechas de los festejos.  Hasta hoy se las sigue atendiendo, como la de Julio I, que fijó la Navidad el 25 de diciembre para que de esa forma la gente abandonara el culto al Sol que solía celebrarse ese día a comienzos del invierno del  hemisferio Norte.

Por su parte, Pío I implantó la celebración de la Pascua cristiana, el domingo después del plenilunio de marzo, regla que posteriormente en el Concilio de Nicea, durante el papado de Silvestre I fue modificada haciendo que el domingo de Pascua fuera el primer domingo después de la luna llena que se produce en 21 de marzo o a posterior; así la cristiandad toda, festejaría la Resurrección de Jesús en la misma fecha.

Uno de los pontífices más conocidos asociado al quehacer astronómico por su participación en la reestructura del calendario es Gregorio XIII, que efectuó la segunda gran reforma  que entrara en vigencia en octubre de1582 y que dio origen al llamado “calendario gregoriano”, que hoy internacionalmente el mundo aplica en cuestiones sociales de política y economía. En este proceso se quitaron 10 días de corrido, lapso del defasaje existente entre la fecha contabilizada  y la posición real en la eclíptica del Sol, pasándose del atardecer del 4 de octubre al amanecer del 15 del mismo mes. A partir de entonces se eliminan los bisiestos de los años seculares que no son divisibles entre 400. El pontífice tomó esta medida porque el defasaje del Sol con la fecha, provocaba que los cristianos celebraran la Pascua antes del 21 de marzo contra la regla eclesiástica establecida que indica hacerlo después. Parece que el Papa argumentó algo así como que: “las naciones católicas contarán bien el tiempo a partir de ahora; el resto del mundo verá lo que hace”. Evidentemente muchos países, principalmente los de confesión cristiana Ortodoxa y otros de Asia, se negaron a aceptar el nuevo sistema tan solo por haber sido concebido a  instancias de un Papa católico. A principios del siglo XX, el calendario gregoriano comenzó a generalizarse pues fue aceptado por Rusia, Grecia, Rumania, Turquía y otros estados. En mi muy modesta opinión 1930 debería ser considerado el año de la “globalización concretada” al anunciar China la aceptación de dicho calendario y siendo la última nación en hacerlo, aunque posiblemente lo vinieran aplicando desde antes.  Pero en lo cultural religioso aún hay comunidades que no lo han aceptado como los cristianos Ortodoxos de Oriente y los Coptos de Egipto.

 

Muchos se preguntarán qué tiene que ver históricamente la Iglesia con la Náutica, pues aquí van algunos detalles interesantes. En el mundo antiguo, sin aviones ni ferrocarril, los barcos eran las piezas claves para llevar adelante las conquistas y el comercio, pues unían continentes transportando tropas y mercancías exóticas. Es natural así que reyes, emperadores y pontífices consideraran estratégicas las actividades navieras para sus intereses políticos. No olvidemos que las expediciones de Cristóbal Colón contaban con el aval de la Iglesia, pues se suponía que amén de la posibilidad de descubrir nuevos territorios para usar sus recursos, se procuraría extender el cristianismo por los mismos. Colón se vio obligado inclusive a cambiar el nombre de la nave insignia de la flota por uno más apropiado según su misión evangelizadora y así la llamó “Santa María” aunque la pobre Nao no logró ni siquiera completar un viaje.

Pero la Náutica, disciplina tradicionalmente asociada a la Astronomía y la Geografía, comenzó a crear problemas geopolíticos principalmente entre España y Portugal cuando los navegantes se animaron a salir lejos de las aguas tradicionalmente navegables, y se agravaron aún más una vez que Colón llegara a América. Juan II rey de Portugal, afirmaba que Colón había violado el Tratado de Alcacovas y Toledo. Los monarcas españoles negaban el hecho pues Colón no había invadido las aguas al sur de las Canarias. En 1493, luego de infructuosas negociaciones, los reyes católicos solicitaron mediación al papa Alejandro VI, con la intención de que terminara el conflicto. El pontífice preparó 5 edictos conocidas como las “bulas de donación a los reyes de Castilla” .En la primera (primera bula Inter coetera), dona a los reyes todas las tierras de occidente que no pertenezcan a otros príncipes cristianos y el hecho lo reafirma en su segunda bula (Eximiae Devotionis). En la tercera, (segunda bula Inter Coetera), se fija una línea divisoria 100 leguas al oeste de los archipiélagos de Azores y Cabo Verde, dividiéndose el mundo en dos hemisferios: el occidental español y el oriental portugués. Pero al ser diferentes las longitudes geográficas de los lugares en cuestión, la línea no coincidía con un meridiano. Esto dio lugar a un nuevo tratado en 1494  entre los dos países: el de Tordesillas. La quinta bula (Piis Fidelium) otorga todo el poder espiritual a Fray Bernardo Boil para extender el cristianismo en las nuevas tierras descubiertas, que también serán de dominio de España más allá de las descubiertas por Colón, según lo establece la quinta y última bula (Dudum Siquidem).

Por su parte, Brian Fagan, profesor de Antropología de la Universidad de Santa Bárbara en California (USA), comenta en su obra: “La pequeña edad del hielo”, que la aprobación eclesiástica de consumir bacalao en épocas de cuaresma en sustitución de la carne, fue el disparador para que las flotas pesqueras de vascos e ingleses efectuaran faenas  a gran escala en las frías aguas del norte, superando en importancia las actividades de sus predecesores los vikingos. Así el consumo de este alimento de origen marino apto durante los períodos de ayuno y abstinencia de carne fomentado por la Iglesia, determinó una fuertísima actividad económica en el rubro pesca tanto en aguas del viejo como del nuevo mundo, donde hasta eran mayores las reservas en los mares contiguos a los actuales territorios canadienses.  

 

 

La Iglesia era también una autoridad que marcaba las pautas científicas. Silvestre II, fomentó la numeración arábiga; era conocedor de las Matemáticas, la Física y la Astronomía aunque su afán por el saber y gusto por la lectura lo hizo incursionar en el campo del esoterismo, la Alquimia, la Cábala y otros temas del ocultismo que hizo que algunos lo tildaran de “hechicero”. Construyó relojes de agua, astrolabios y ábacos. Este Papa tuvo que soportar la desbandada que significó el supuesto “fin del mundo” al comienzo del año 1000. No fue el único papa en construir ingenios astronómicos; también Pío X construía relojes solares aunque lo hizo algunos siglos después.

En la Edad Media la Iglesia comenzó a sufrir la progresiva competencia de las universidades. Sucedió así, en algún momento que el lento avance del conocimiento del Universo cercano, hizo fricción con las concepciones religiosas. El punto más mediático, si es que cabe el término, sucede durante el Renacimiento con la loca hipótesis heliocéntrica de Copérnico defendida por aquel hombretón tan difícil en el trato e imposible de derrotar en los debates académicos, aquel catedrático italiano llamado Galileo Galilei. Muchos papas están involucrados en la historia de este feroz guerrero del conocimiento científico que desafió a la autoridad eclesiástica convirtiéndose en el ícono humano de la Astronomía. El más directo fue sin duda Urbano VIII, que profesando amistad hacia Galileo, terminó enfrentándolo en su histórico proceso cuando entendió que el astrónomo lo estaba ridiculizando con el personaje de Simplicio, el necio que discute con los dos sabios Salviati y Sagredo, en aquella controvertida obra que éste publicara. Como que Galileo y Urbano tuvieron algunas discusiones amistosas previas sobre Cosmología. Urbano demostró interés por el tema. Le hizo obsequios, le dio inclusive cartas de presentación para algunas personalidades influyentes, no sin antes advertirle de los peligros que corría si no procedía con moderación. Le informó que ni su calidad de Papa podría salvarle si irritaba con sus procederes al Santo Oficio y caía en sus manos. Así aconsejó que tratara el tema del sistema heliocéntrico de Copérnico como algo meramente hipotético. No trataremos aquí todos los pormenores del histórico proceso, pero diremos que pese a las terribles medidas tomadas con su contemporáneo Giordano Bruno, las sanciones finalmente impuestas por la Iglesia a Galileo no tienen punto de comparación. Siempre se lo trató con respeto y mesura; nunca lo echaron a un calabozo ni fue físicamente torturado; ni siquiera amenazado con ello. Quizás porque Urbano aún seguía considerándolo, pese a todo, un brillante científico… y probablemente también un amigo. Es por eso quizás que nunca firmó su condena. Las obras de Galileo Galilei fueron rehabilitadas por Benedicto XIV, pontífice que fundara también cátedras de Física, Química, Cirugía y Obstetricia.  Finalmente Juan Pablo II levanta definitivamente en 1992 la sanción eclesiástica impuesta al científico. Nuestro contemporáneo, Benedicto XVI lo menciona varias veces en sus discursos y especialmente ha recordado que los “magos de oriente” que presentaran obsequios al niño Jesús, también eran astrónomos. Para la Iglesia Galileo no es más un contendiente, su alma está reconciliada y puede descansar en paz.

 

Entre las curiosidades que relacionan a los papas con la Astronomía, se cuenta que Calixto III excomulgó al cometa Halley sin duda fundamentado en la tradicional fama que estos cuerpos tenían como anunciadores de desgracias. Pero tal cosa no fue cierta. Todo fue un invento del físico Pierre Simón de Laplace,  cuyas ideas no comulgaban con las católicas.

 

Pero ¿cuál es la actitud de los pontífices del siglo XX? Pues que éstos han demostrado un especial interés por las ciencias experimentales. La “Pontificia Academia de las Ciencias” es una entidad que data de muchos años, inclusive es anterior a Galileo (que fuera miembro de la misma) si tomamos en cuenta que sus orígenes están en la anterior llamada “Academia de los Linces”, fundada por Clemente VIII en 1603 aunque cesó al morir el pontífice. Fue no obstante refundada primeramente por Pío IX en 1847 y posteriormente por Pío XI en 1936. Hoy si bien goza de independencia en cuanto a la investigación científica, está bajo la protección del papado y procura promover el progreso de las ciencias naturales. Otra entidad similar es el Observatorio Vaticano, situado en la residencia papal de Castel Gandolfo, destinado no tanto a la investigación sino mas bien a la preparación de los astrónomos. Sin duda esto deja en claro un error muy común que la gente tiene en cuanto a la posición de la Iglesia frente al avance de la ciencia, que suele verla más como una piedra de tropiezo y censura frente al conocimiento racional de los fenómenos naturales que como una propulsora de dicho avance. Son tantos los discursos papales animando a la investigación científica, que sería tedioso hacer una pormenorizada lista de los mismos en este trabajo. Aún así mencionaré brevemente a Pío XII, a quien Max Planck explicó los riesgos de la bomba atómica que en Alemania podía estar desarrollándose, no sin preocupar en gran medida al pontífice. En 1951 este Papa dio un discurso titulado “Las pruebas de la existencia de Dios a la luz de las ciencias naturales modernas” en la Pontificia Academia de las Ciencias, en el que declara su admiración por el entonces aún no comprobado Big Bang. Al año siguiente Pío XII fue invitado a participar de la reunión anual de la Unión Astronómica Internacional que se desarrolló en Roma y donde evitó tomar partido por alguna de las hipótesis cosmológicas que por aquel año generaban acaloradas discusiones. Benedicto XVI es sus homilías ha hecho gran cantidad de referencias a la Astronomía que van desde menciones a veces a favor y otras en contra sobre los trabajos de Galileo, Kepler y hasta de Stephen Hawking  

 

Terminemos comentando que en cuanto a la Geografía y la Náutica, debo indicar que en la actualidad, cada huso horario lleva el distintivo de una letra del alfabeto del Código Internacional de Señales usado en las comunicaciones marítimas. El huso que aplica el Uruguay (-3 o 3 W) es el “huso P” o “Papa”, porque para las transmisiones radiales, cada letra tiene un nombre que la identifica eliminando los posibles malentendidos fonéticos.

En lo que respecta a las comunicaciones visuales, la letra P (Papa) se representa con una bandera cuadra azul con un cuadrado blanco central más pequeño. Ya sé que no son los colores del Vaticano, pero en la distancia el blanco y el amarillo formarían un tono indefinido a la visual: por eso conviene más el uso de colores contrastados. Esa bandera se enarbola en puerto para indicar que el buque está listo para partir y que por tal su tripulación debe permanecer acuartelada abordo. En embarcaciones de pesca anuncia que las redes se han enganchado en un obstáculo. Está pintada en las amuras de la nave “Francisco” que hace la ruta Montevideo-Buenos Aires. ¡Cuántas coincidencias! : Pescador, Pedro, redes, Papa…

 

Notas:

 

Lista de Papas aludidos y sus correspondientes períodos

 

Pedro Apóstol       (Simón Bar Jona)        hasta el año 67

Pío I                                                                  140 al 155

Silvestre I                                                         314 al 335

Julio I                                                                337 al 352

Silvestre II              (Gerbert de Aurillac)          999 al 1003

Gregorio XII           (Ángelo Correr)                 1406 al 1415

Alejandro VI           (Rodrigo Borgia)               1492 al 1503

Calixto III               (Alonso Borgia)                 1455 al 1458

Gregorio XIII          (Ugo Buoncompagni)       1572 al 1585

Clemente VIII         (Ippólito Aldobrandini)      1592 al 1605

Urbano VIII            (Maffeo Barberini)             1623 al 1644

Benedicto XIV       (Próspero Lambertini)       1740 al 1758

Pío IX                    (Giovanni Mastai Ferreti)  1846 al 1878

Pío X                     (Giuseppe Sarto)              1903 al 1914

Pío XI                    (Achille Ratti)                    1922 al 1939

Pío XII                   (Eugenio Pacelli)               1939 al 1958

Juan Pablo II         (Karol Wojstyla)                 1978 al 2005

Benedicto XVI       (Joseph Ratzinger)            2005 al 2013

Francisco I            (Jorge Bergoglio)               2013